¿Qué parte de las encuestas deberían mirar los políticos, pensando más allá de las PASO? En los últimos días, una invasión de sondeos privados comenzó a dar vueltas por los despachos oficiales y también por los grupos de WhatsApp acerca del probable resultado electoral de las internas del domingo 12 de septiembre. Difieren al momento del diagnóstico eleccionario: la victoria o la mejor performance en los comicios dependerá, en gran medida, de quiénes las encargan. Pero entre todas hay un punto en común: ponen en alerta a los políticos y a los precandidatos acerca del malhumor social y del preocupante estado de la economía que no sólo golpea al trabajador que depende de su salario para subsistir, sino también a los empresarios que han frenado decisiones de inversión por la incertidumbre en la que encuentra sumida la Argentina.

Para los asalariados, el Gobierno nacional aspira a modificar los ánimos de los trabajadores del sector con un nuevo aumento del salario mínimo, tras las PASO. Desde hoy, el sueldo mínimo llegará a los $ 29.160 para todos los trabajadores que cumplen la jornada legal completa, de acuerdo con lo dispuesto en la última reunión del Consejo del Salario. El empobrecimiento en el país ha sido una constante desde que el estancamiento económico se consolidó y, además, con la pandemia que le ha dado un golpe tremendo a la actividad privada. Así, la clase baja pasó de representar el 25% de los hogares en 2020 al 31% en lo que va del año. Y la clase media baja pasó del 8% al 10%. Esto implica que hay 1,6 millón más de argentinos en pobreza o situación de vulnerabilidad respecto a 2020, casi la misma cantidad de habitantes que tiene Tucumán. La contrapartida de este fenómeno es que se achicó la clase media, que pasó del 51% de los hogares al 48% y la clase alta, que pasó del 15% al 11%, de acuerdo con los cálculos del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). Con una inflación anual del 50%, la solución no parece estar próxima. Por el contrario, la actualización de precios es una constante, más allá de la vigencia de una serie de acuerdos entre el Estado y algunos sectores de la producción. Siete de cada 10 argentinos señalan que la inflación es el principal problema que debe resolver el Gobierno y es lo que más le aqueja hacia el futuro inmediato.

En economía, sin embargo, el principio básico es que alguien paga los costos. Y generalmente no son los que están más arriba en la cadena de comercialización, que tienen márgenes para trasladar el mayor costo a los precios, algo que no sucede con el consumidor asalariado. Así, ese sueldo ha dejado de satisfacer las necesidades básicas de un grupo familiar y, por ende, tampoco puede generar excedentes que constituyan un ahorro. Con una inflación elevada, la moneda dejó de ser confiable hace tiempo, por más que la actual administración quiera maquillar los billetes con las imágenes de los próceres. Si se emiten, esos papeles tendrán que ser de alta denominación, como una manera de reconocer la galopante inflación y simplificar las operaciones que actualmente se realizan por la inundación que dejó la paulatina y constante emisión monetaria. Todo esto causó un verdadero temblor en la relación del titular del Banco Central, Miguel Pesce, con el ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, que ha decidido montarse en la campaña electoral, tal como lo hizo la semana pasada en su incursión por Tucumán. Los cortocircuitos han llevado, incluso, a mencionar la eventual eyección del gabinete del conductor del Palacio de Hacienda, algo desmentido por ahora por la Casa Rosada. Los cambios en el gabinete nacional siguen siendo una posibilidad para tratar de consolidar la gestión hacia 2023 y retener el poder en el próximo turno electoral. El gobernador Juan Manzur no está al margen de los planes de Alberto Fernández. El tucumano es un eterno número puesto en caso de alguna vacante en alguno de los estratégicos puestos del gabinete. Manzur es considerado el ministro “invisible”, el número 25 del elenco que acompaña al presidente de la Nación, por su estrecha relación con la CGT y con los principales empresarios argentinos. ¿Un ministro coordinador?

Además de una mejora para los asalariados más vulnerables, el Gobierno nacional ha preparado una batería de medidas y de anuncios para cambiarle la cara a la clase media. En esa orientación se inscribe el posible incremento del piso de Ganancias y el programa Previaje 2, que ofrece la contratación anticipada de servicios turísticos, con un crédito equivalente al 50% de lo gastado que se podrá usar en otras compras a operadores turísticos de todo el país. De todas maneras, hay cuestiones de fondo que la Casa Rosada tendrá que resolver antes del 14 de noviembre (el próximo turno electoral) y que pone los pelos de punta a los ejecutivos de empresas: los constantes ruidos de cambios en el Ministerio de Economía. Varios sondeos de empresarios han señalado la necesidad de que la Nación defina un plan económico para saber qué rumbo tendrá la Argentina en el mediano y en el largo plazo.

Alberto Fernández les pidió a precandidatos y militantes del Frente de Todos que salgan a transmitir “una explosión de confianza en los argentinos”. El escollo que los oficialismos encuentran es que no predicaron con el ejemplo y, por esa razón, un 25% a un 30% del electorado pendula entre el voto en blanco o bronca y la no concurrencia a las urnas. La elección que se viene no es una polarización entre peronistas y macristas. Es un cruce entre las expectativas políticas y la realidad de gran parte de los argentinos.